Por Lil Rodríguez

Son unos cuantos los personajes venezolanos que han hecho extraordinarios aportes para comprender lo que somos como pueblo, generando adicionalmente el orgullo por el gentilicio y el sentido de pertenencia.

Uno de estos personajes es Juan de Dios Martínez Suárez, el del sur del lago de Maracaibo, el que bebió de la sabiduría ancestral de los mayores aconsejado por su abuela, porque, él lo contaba, fue su abuela la que le dio el santo y seña para que apuntara todo lo que le escuchara a los viejos de su pueblo. Y su pueblo era Bobures, nombre de origen indígena.

Bobures es un pueblo con cultura e identidad propias, heredadas fundamentalmente de los esclavizados que fueron trasladados a la zona para explotarlos en diversas plantaciones. Juan de Dios dejó señalado que con los aborígenes Bobures los españoles se ensañaron porque eran los indígenas más pacíficos de toda esa región.

“Los salvajes fueron los europeos” apuntó en una de sus obras. Y es que Juan de Dios no solo se dedicó a sistematizar lo que le contaron los viejos de su pueblo sino que gracias a su formación como investigador, escudriñó todas las fuentes que apuntaron a la formación de las culturas de su tierra.

Es tan inmenso y calificado el aporte de Juan de Dios Martínez Suárez, líder del legendario grupo “Ajé” y autor de muchos libros en torno al tema afrovenezolano, que la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) le reconoció en 1997 como Experto Latinoamericano en Culturas Africanas.

Juan de Dios se visibilizó por sí mismo. No fue un sumiso cultural y su obra lo refleja.

Nacer en Bobures

Era viernes ese 16 de marzo de 1945 cuando Pedro y María Isabel pudieron conocer el rostro del hijo a quien llamarían Juan de Dios, siendo sus apellidos Martínez Suárez. Fue en Bobures, al sureste de la costa del inmenso lago de Maracaibo.

Su abuela materna, María del Carmen Suárez, al ver que su nieto ya leía y escribía le inculcaría el amor por la memoria de su pueblo. Juan de Dios la recordaba con infinito afecto y siempre agradeció aquel consejo memorioso: “Apunte todo lo que digan los mayores”. Siempre recordó que comenzó a recoger relatos el 9 de julio de 1954.

De anotar los mitos, los cuentos, las leyendas, enseñanzas y consejos fue surgiendo el profundo amor que Juan de Dios desarrolló por las tradiciones y la historia de los pueblos del sur del lago de Maracaibo, como El Parral, Gibraltar, El Pino, Santa Maria, San José, Palmarito, y por supuesto Bobures.

Hay que tomar en cuenta que Bobures fue centro de gran comercio y por estar en una zona de tierra fértil fue un reservorio de esclavizados llevados a trabajar en las diversas plantaciones de la zona. Esos esclavizados preservaron, resistiendo, muchas de las tradiciones originarias y sobre todo la memoria contra el desarraigo. De esa memoria y de esa resistencia fue de donde bebió Juan de Dios Martínez.

San Benito de Palermo, santo negro, y la batería de tambores colgantes, los chimbángueles pronto hicieron parte de su paisaje religioso y musical mientras culminaba sus estudios primarios, que, superados, lo llevarían a Maracaibo de la mano de su madre, quien se mudó a la capital zuliana para hacer más rentable el negocio de la venta de panes, comidas y dulces que ya tenía en Bobures.

En ese período, estudiando ya la secundaria en los liceos Yépez y Baralt, Juan de Dios extraña las conversaciones con los viejos y ancianos de su pueblo y justamente se da cuenta de que si bien es muy importante la tradición oral, pasaba a ser urgente la sistematización de esa oralidad.

Tal vez por ello durante sus vacaciones en Bobures se dedicaba con afán a enseñar a leer y escribir en toda la zona del sur del lago.

Productivo y útil

Imponiéndose sobre cualquier adversidad o malos ratos (que los hubo) por causa del color de su piel, Juan de Dios, al terminar su bachillerato regresó a su pueblo con el objetivo de enseñar. Dio clases de Castellano y Literatura, Historia e inclusive Inglés, pero con la enfermedad y fallecimiento de su mamá, Juan de Dios se aventuró hacia Caracas para seguir estudiando, y trabajar también.

Es así como se emplea, comenzando la década de los 70, en una empresa de labores sociales para zonas rurales y marginales de toda Venezuela. Sería muy importante para él visitar y trabajar en 16 estados de su país porque se ampliaría su horizonte y además empalmaría con la resistencia y diversidad de la africanía conservada en otras zonas venezolanas distintas a su Zulia natal.

Juan de Dios comenzó entonces un ciclo muy útil y productivo para la historia de la afrovenezolanidad. En 1975 conoció a quien sería su esposa, Eustoria Cubillán, madre de sus hijos Juan Luis, Juan Pablo, Carmen Isabel y Maria del Carmen.

La década de los 80 fue realmente excelente para el Zulia de la mano de Juan de Dios, quien organiza encuentros infantiles intermunicipales para mostrar las décimas, las diversas formas de la gaita, los cantos y bailes originarios y los chimbángueles. Junto a esos encuentros creó lo que él llamaba Escuelitas de folklore para enseñar a los niños y niñas los instrumentos de percusión y las tradiciones afrozulianas.

A inicio de los 80 (1981-1982) fundó el grupo “Ajé” para la investigación y salvaguardia de los valores afro zulianos. En torno al nombre de Ajé, Juan de Dios Martínez señaló: “Los africanos que fueron llevados al sur del lago lo más importante que trajeron fue la dignidad que se llama Ajé, que en Dahomey era la divinidad de las aguas azules y se congratulaba con el movimiento de las olas. Hoy encontramos que a San Benito se le baila en parihuela porque es una forma de agradarlo.

La Iglesia católica introdujo a San Benito de Palermo y desplazó a Ajé, que es la auténtica divinidad africana. Hacia 1669, cuando el pirata Morgan saqueó e incendió a Maracaibo y Gibraltar, empezaron los diferentes grupos africanos presentes en la zona a incorporar y preservar sus tambores.

La orquesta de chimbángueles inicialmente empezó teniendo ocho tambores. Con el tiempo desaparece uno de esos tambores y por eso nos quedan en la orquesta de chimbángueles siete tambores: cuatro machos y tres hembras que suenan agudo, porque tienen un cuero de chivo. La unión de esos siete tambores nos da los diferentes golpes del chimbánguele. Los golpes que hoy quedan son seis, pero existieron más de 20”.

Con toda esa sapiencia contenida y difundida, en 1983 aparece su primera obra de alcance nacional: “Antecedentes y Orígenes del Chimbángueles”.

Es importante destacar que en esos años no se estudiaba ni en escuelas ni en universidades el componente negro de la sociedad venezolana. Lo tuvo presente Juan de Dios al crear su propia editorial, “La llama violeta” para publicar el producto de sus investigaciones.

La editorial consistía en una máquina de escribir, un multígrafo, hojas y una engrapadora. Lo que era urgente para el hijo de Bobures era plasmar el resultado de su búsqueda y su trabajo investigativo. Tenía razón.

En Caracas, Aquiles Nazoa lo impulsó a ingresar a la Universidad Central de Venezuela admirado del dominio que Juan de Dios tenía de su historia local. Por eso lo estimuló para que obtuviera una base científica y documental para divulgar más su cultura.

Comenzó entonces a estudiar Sociología, carrera que continuó en Maracaibo mientras promovía la creación de cooperativas agropecuarias en Zulia y Falcón a través de un organismo, creado para tal fin: Fundacomún.

De sus viajes y su obra

La Fundación ‘Ajé’ por él creada fue obteniendo reconocimiento nacional e internacional. Con ella viajaría prácticamente por todas las islas del Caribe, Colombia y México. Francia también recibiría su sapiencia. De nuevo en Venezuela apoyaría con todo fervor los programas de cultura en las Escuelas Bolivarianas.

Su afán investigativo abarcaría el mundo de la artesanía, la música, la expresión corporal y la danza, la crónica, la gastronomía y la etnomedicina.

Promovió festivales infantiles y encuentros afro zulianos de la tradición oral, para reivindicar la historia de un pueblo con una de las más grandes concentraciones de población de origen africano en Venezuela.

Juan de Dios Martínez partió muy temprano. Apenas contaba con 60 años de edad cuando cambió de paisaje. Fue la noche del 2 de octubre de 2005 en Maracaibo.

Entre las obras que dejó para la posteridad, y sobre todo, para el estudio permanente están:

– “Antecedentes y orígenes del chimbángueles”

– «El Gobierno del Chimbánguele»

– «Presencia de África en el Sur del Lago de Maracaibo»

– «Cultura y Dependencia en América Latina»

– “Las barbúas: mitos y leyendas de origen africano presentes en el sur del Lago de Maracaibo”

– “La afrozulianidad : ¿presencia invisible?”

– “Mitos, leyendas y rostros sobre el culto a San Benito de Palermo en Venezuela”

– “Instrumentos musicales indígenas del estado Zulia, Venezuela”

Juan de Dios Martínez fue un activo militante de las campañas de alfabetización en su tierra y desplegó una intensa labor desde la Dirección de Cultura de la Universidad del Zulia, donde fue coordinador de Cultura Popular y Afroamericana desde 1985 hasta su partida física.

En honor a su memoria se instituyó un premio anual que lleva su nombre, para reconocer a quienes de dedican a la investigación de lo afrocaribeño. La fecha que recuerda el natalicio de Juan de Dios Martínez, 16 de marzo, es en la actualidad el “Día de la Afrozulianidad”.

Gracias a su grupo “Ajé” se recuperó y grabó música, cantos y danzas de origen africano en Bobures y otras poblaciones ubicadas en el borde sur del lago de Maracaibo.

Juan de Dios Martínez Suárez permanece como referencia seria de lo que ahora sí se estudia: la afrovenezolanidad.

Fuente: Telesur