América es un continente cuyos países se han construido sobre las bases del racismo. La discriminación existe y la pobreza, en mucho, está vinculada con lo étnico. Y el fútbol es un lugar en donde se concentran los racismos. Basta estar en un estadio apenas unos minutos para escuchar los insultos a los jugadores por el color de su piel.

Se creyó, hace mucho, cuando Ecuador se clasificaba a su primer Mundial, que era una reivindicación de la negritud: aquellos que surgieron de la pobreza daban al país uno de los pocos momentos de unidad nacional. Según sociólogos y antropólogos, solo las guerras con Perú generaban algo similar.

La negritud es, desde los años 7 0, el motor del fútbol ecuatoriano. En este momento se ha colocado un tema de conversación: Édison Méndez, el técnico interino de Liga Deportiva Universitaria, quien es uno de los mejores de todos los tiempos, un mundialista, un referente en la cancha cuando jugaba, está teniendo una experiencia extraordinaria como estratega. Los especialistas dicen que el equipo juega muy bien. Los aficionados apoyan fervorosamente para que quede como principal. De confirmarlo, será un gran paso. Tiene los méritos para ser DT: tiene una idea del fútbol y sabe transmitírsela a los jugadores.

En el país, los técnicos ecuatorianos no han tenido muchas oportunidades; pocos, además, han sabido aprovecharlas. Si lo designan, será un gran paso y algo insólito: si bien hubo afroecuatorianos que han sido técnicos interinos, Méndez sería el primero en dirigir un equipo grande del país. Y en eso consiste lo extraordinario, en estos tiempos en que hay que abogar por el fin del racismo en la sociedad y en el fútbol. Méndez -y esto es lo interesante- no lo sería por condición de afro, sino porque la inteligencia que tenía como jugador la está aplicando como técnico.

En el baloncesto estadounidense se preguntaban por qué habiendo tanto jugador afro excepcional no había técnicos negros. Quizá llegó el momento para algo así en el fútbol ecuatoriano. Pero es posible que no sea confirmado porque aún no tiene el título… cosas de la vida, del deporte, de la meritocracia.

Fuente: elcomercio.com