Categoría: Líderes africanos y afrodescendientes

Día de Martin Luther King

Día de Martin Luther King

El tercer lunes de enero se celebra el Día de Martin Luther King, una fecha festiva en Estados Unidos, que conmemora el nacimiento de uno de los principales activistas por los derechos civiles que estuvo a favor de la lucha no violenta para defender los derechos humanos de los ciudadanos afroamericanos y acabar con la discriminación racial. Para este 2022, hoy 17 de enero es el Día de Martin Luther King.

¿Quién fue Martin Luther King?

Martin Luther King fue un hombre de raza negra, que desde muy joven defendió las causas y derechos de la población civil de color, que en esa época era víctima de segregación racial y violencia.

Lideró varias protestas, por lo cual se vio muy asediado por los segregacionistas blancos, quienes lo consideraban un verdadero peligro, sin embargo, logró muchas transformaciones para que los derechos de los afroamericanos fueran aceptados, como por ejemplo el uso del transporte o la entrada a lugares públicos.

Fue víctima de varios atentados, hasta que, en el año 1968, fue asesinado de un disparo, mientras estaba en la ciudad de Memphis, Estados Unidos, donde participaría en una huelga organizada por un movimiento afroamericano.

Origen del Día de Martin Luther King

Solo cuatro días después del asesinato del líder activista Luther King en 1968, el congresista demócrata por Michigan, John Conyers, fue el primero en introducir legislación para esta conmemoración, pero la propuesta no tuvo suficiente impacto en el Congreso, a pesar de las firmas de más de 6 millones de personas.

Cada año, Conyers y el congresista Shirley Chisholm, demócrata por Nueva York enviaban la propuesta al Congreso al inicio del periodo de sesiones, pero no tenía éxito.

Durante 1982 y 1983 las marchas por los derechos civiles en Washington constituyeron una presión pública significativa. Y en 1983 el presidente norteamericano Ronald Regan promulgó un día festivo.

La elección de la fecha es porque Luther King nació el 15 de enero, pero se decidió conmemorar el tercer lunes de enero para que no estuviera tan cerca de las celebraciones navideñas.



También es una manera emblemática de conmemorar la trayectoria política, los logros y la vida de Martin Luther King, que se convirtió en un fiel defensor de los derechos civiles de todos los ciudadanos negros y quienes vieron en él una salida para convertirse en verdaderos hombres libres, pero que lamentablemente no pudo ser así debido a su muerte repentina.

La vida y obra de Martin Luther King ha servido para inspirar a grandes productores cinematográficos en todo el mundo y así dar a conocer la figura de uno de los hombres más importantes e influyentes de los Estados Unidos de América.

Aquí te dejamos algunas de las películas que narran la lucha de un hombre, que no se dio por vencido y que, a pesar de los años de su fatídica muerte, aún el mundo entero mantiene viva su memoria, sobre todo en un momento histórico de la humanidad donde sigue existiendo el racismo y la falta de libertad.

Películas que rinden homenaje a Martin Luther King

  1. Alpha Man (2011): Se trata de un documental que narra otra faceta poco conocida de la vida de Martin Luther King. Aquí se cuenta su participación dentro de la fraternidad universitaria conocida como Alpha Phi Alpha, donde dio sus primeros pasos para forjar todas sus luchas sociales y políticas, que a la larga lo harían merecedor del premio Nobel de la Paz.
  2. Selma (2014): En este film se narra lo acontecido en Selma a la llegada de Martin Luther King, donde es asesinado un afrodescendiente y esto provocó protestas y grandes manifestaciones. Aquí se describe de manera más humana al hombre que cambiaría la historia de toda una sociedad.
  3. No soy tu negro (2016): Un gran documental donde se plasma las luchas, batallas y también los grandes logros alcanzados por la raza negra, donde Martin Luther King y Malcolm X tuvieron un rol preponderante para hacer esta realidad posible.

¿Cómo se celebra en Estados Unidos el Día de Martin Luther King?

En este día, se celebra la igualdad que debe existir entre los seres humanos, independientemente de su raza, como fue el gran sueño de Martin Luther King. Está considerada una fecha festiva, donde las escuelas y las oficinas públicas permanecen cerradas.

Para una gran parte de la población americana, se trata de una conmemoración que busca reivindicar, pero también dar a conocer lo que significó este personaje en la vida, social, política y cultural de todo un país y que también, con el transcurrir de los años, marcó un antes y un después en todas las naciones del mundo debido a su heroísmo y profundo amor por la Humanidad.

Sin duda alguna, que el legado de Martin Luther King fue que todos los hombres disfrutaran de plena libertad, justicia e igualdad. Fue uno de los mensajes más significativos y recordados de la historia. Un discurso que conmovió a toda la sociedad y que todavía sigue en la memoria de quienes admiraron su labor en defensa de los derechos civiles en Estados Unidos.

Si quieres ser parte de esta celebración, entonces te invitamos a que compartas alguna información valiosa sobre este tema en las distintas redes sociales y no te olvides de añadir el hashtag #DiadeMartinLutherKing.

Fuente: www.diainternacionalde.com

15 de enero nace el activista afroamericano Martin Luther King

Martin Luther King Jr. fue un pastor y activista estadounidense que luchó por los derechos civiles de los afroamericanos. 

Nació el 15 de enero de 1929 en Atlanta y fue asesinado el 4 de abril de 1968 en Memphis.

Estudios y preparación

Martin Luther King Jr., nacido como Michael Luther King Jr., era el hijo mediano del pastor bautista Martin Luther King Sr. y de Alberta William King.

Su abuelo paterno también era pastor en la Iglesia Bautista Ebenezer de Atlanta, donde sirvió desde 1914 hasta 1931. Posteriormente, lo fue su padre y, desde 1960 hasta su muerte, el propio Martin ejerció como co-pastor allí.

Tras estudiar en colegios públicos y graduarse en el instituto con 15 años, Martin Luther King fue a la Universidad. En 1948 consiguió su título de Sociología (Bachelor of Arts) en Morehouse College (Atlanta), una institución creada, originariamente, para afroamericanos.

Luther King y Coretta Scott

En 1951 obtuvo su licenciatura en Teología (Bachelor of Divinity) por el Crozer Theological Seminary de Chester. Ese mismo año comenzó a cursar el doctorado en Teología sistemática por la Universidad de Boston. Cuatro años después, en 1955, consiguió el título de Doctor en Filosofía.

Durante su estancia en Boston conoció a Coretta Scott, con la que contrajo matrimonio en 1953. Con ella tuvo dos hijos y dos hijas: Yolanda King, Martin Luther King III, Dexter Scott King y Bernice King.

Lucha por los derechos civiles

Martin Luther King creció en un ambiente en el que la segregación racial estaba a la orden del día. Tanto es así, que con 13 años tuvo que ceder su asiento en un autobús a un pasajero blanco.

En 1954, fue nombrado pastor de la Iglesia Bautista de la Avenida Dexter de Montgomery (Alabama). Al mismo tiempo, Martin Luther King también fue miembro del comité ejecutivo de la Asociación Nacional para el Progreso de las Personas de Color.

Tan solo un año después, Luther King tuvo que lidiar con el racismo y la violencia que se ejercía contra los negros en el sur de Estados Unidos. Uno de estos episodios fue el protagonizado por la afroamericana Rosa Parks, que se negó a ceder su asiento a un blanco en el autobús.

Como respuesta, Martin Luther King lideró un boicot contra los autobuses públicos de Montgomery. Esta protesta se prolongó desde el 1 de diciembre de 1955 hasta el 20 de diciembre de 1956, cuando el Tribunal Supremo de Justicia de Estados Unidos declaró inconstitucional la ley que exigía la segregación en el transporte público de Montgomery.

A pesar de que la protesta se resolvió de manera satisfactoria, los 382 días que duró no estuvieron exentos de violencia. Tan tensa era la situación en Montgomery que los segregacionistas blancos atacaron la casa de Luther King y la del pastor Ralph Abernathy, también organizador de la campaña.

Martin Luther King, tras conseguir la igualdad de blancos y negros en el transporte público, continuó con la lucha por los derechos civiles. En 1957, fue elegido presidente de la Conferencia Sur de Liderazgo Cristiano. Esta organización, cristiana y pacifista, tenía como objetivo participar activamente en el movimiento por los derechos civiles.

Otro de los actos por los que Martin Luther King es recordado es por su participación en la campaña de Birmingham (Alabama). Las protestas pacíficas y los boicots llevados a cabo en la ciudad hicieron que fuera arrestado en abril de 1963.

La estancia en prisión le llevó a escribir la popular Carta desde la cárcel de Birmingham. En este ensayo explicaba el porqué de sus protestas.

El entonces presidente de Estados Unidos, John F. Kennedy, apoyó a Martin Luther King. Fue liberado una semana después de su detención.

Tras numerosos incidentes violentos, las protestas de Birmingham terminaron en junio de 1963, cuando los lugares públicos fueron abiertos a los negros.

«I have a dreams»

El 28 de agosto de 1963, se organizó la famosa manifestación por los derechos civiles conocida como Marcha sobre Washington por el trabajo y la libertad.

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En esta marcha, Martin Luther King acudió representando a la Conferencia Sur de Liderazgo Cristiano pronunció su inmortal discurso “I have a dream” (“Yo tengo un sueño”). En él expresaba su deseo de conocer una América unida en la que vivir en igualdad.

El 14 de octubre de 1964, Martin Luther King recibió el Premio Nobel de la Paz. Con solo 35 años, Luther King se convirtió en el hombre más joven en recibir este reconocimiento.

Asesinato

A finales de marzo de 1968, Martin Luther King viajó hasta Memphis (Tennessee) para apoyar la huelga de basureros afroamericanos que luchaban por mejorar sus condiciones laborales.

El 4 de abril, mientras estaba en la terraza de la habitación del hotel donde se alojaba, murió por el disparo de un segregacionista. Martin Luther King solo tenía 39 años.

Dos meses después de su asesinato, las autoridades capturaron al autor, James Earl Ray, mientras intentaba huir a Reino Unido. Sin embargo, todavía son muchos los que piensan que la muerte de Martin Luther King fue parte de una conspiración.

Lo que sí es un hecho probado es que la lucha incansable de Martin Luther King por los derechos civiles de la comunidad negra sigue siendo todo un ejemplo. Tanto es así, que el tercer lunes de enero, en torno a su fecha de cumpleaños, se celebra el Día de Martin Luther King Jr. en Estados Unidos.

Fuente: canalhistoria.es

Negritud es revuelta: Aimé Césaire hoy

Aimé Césaire

Negro soy, negro me quedo (La Vorágine, 2020) nos muestra un Césaire contemporáneo y vivo. Un intelectual honesto, que asume sus decisiones políticas —sus luces y sombras—, invitándonos a recuperar lo mejor de su legado.

“Mi boca será la boca de las desdichas que no tienen boca; mi voz, la libertad de aquellas que se desploman en el calabozo de la desesperación”. Aimé Césaire (1913 – 2008), pensador, poeta y político martiniqués, escribía estos versos en 1939, al borde de la Segunda Guerra Mundial. Son versos de su primer poemario, Cuaderno de retorno al país natal, cuya fuerza retrata tanto la impronta de su pensamiento como lo convulso de la época que le tocó vivir. Pero Césaire no fue un testigo pasivo de su tiempo. Como intelectual y militante ayudó a forjar una etapa histórica llena de esperanza. Su figura no puede disociarse de los procesos de descolonización de mediados del siglo XX y de la emergencia del Tercer Mundo: una grieta en la política de bloques de la Guerra Fría que buscó su propio horizonte. Una vía hacia la justicia social y la liberación más allá del capitalismo y del socialismo realmente existente.

Una de sus obras más importantes y conocidas, el Discurso sobre el colonialismo (1950), no dejaba de apelar a lo que sucedería en Bandung cinco años después de su publicación: “Precisamos crear una sociedad nueva, con la ayuda de todos nuestros hermanos esclavos, enriquecida por toda la potencia productiva moderna, cálida por toda la fraternidad antigua”. Aquella conferencia alumbrará el Movimiento de los países no alineados, impulsado por los líderes Gamal Abdel Nasser (Egipto), Jawaharlal Nehru (India) y Sukarno (Indonesia). Un espacio que federaba de forma conjunta las actividades de muchas ex colonias que acababan de lograr la independencia, y entre cuyos objetivos estaba oponerse al racismo, el imperialismo y el neocolonialismo de las potencias occidentales. El movimiento tomará cuerpo en la Conferencia de Belgrado (1961) y alcanzará su zenit a mediados de los 70. Después irá configurándose como un influyente foro internacional, pero ya lejos del impulso utópico con el que lo vio nacer Césaire.

Probablemente el Césaire que más conozcamos sea el de este período: el padre del movimiento de la negritud, el intelectual crítico que puso a Europa frente al espejo de su propia barbarie e hipocresía. “Una civilización que le hace trampas a sus principios es una civilización moribunda” —escribió en su discurso—, mostrando que la Europa imperial y capitalista era un proyecto “moral y espiritualmente indefendible”. Que Hitler hubiese nacido en su seno no era ninguna sorpresa: sólo hacía falta mirar la violencia del colonialismo en África, Asia o América Latina. La solidaridad entre el fascismo y la empresa colonial era profunda.

«Servidumbre y asimilación se parecen: son dos formas de pasividad […] Emancipación es, por el contrario, acción y creación. La juventud negra quiere actuar y crear”. La negritud era también dignidad, combate y revuelta.

Hoy aquel manifiesto anticolonial de Césaire sigue siendo más que actual. Especialmente en medio de una pandemia que ha hecho saltar por los aires las costuras del norte y el sur globales, visibilizando de manera cruda la desigualdad y el racismo que sostienen un capitalismo cada vez más decadente y depredador. Y es que las imágenes de la muerte del afroamericano George Floyd, asfixiado en Minneápolis bajo la rodilla de un policía blanco, o los cientos de muertes en el mar Mediterráneo que sacuden las costas españolas, revelan una siniestra continuidad con la realidad colonial que denunciara el pensador martiniqués.

Pero más allá de este Césaire épico y reconocible, hay otro al que no se le ha prestado demasiada atención. Es el hombre que aparece en Negro soy, negro me quedo (La Vorágine, 2020) en conversación con Françoise Vergès, feminista y militante decolonial. Un intelectual y político en la recta final de su vida —todo pasión contenida— que revive el pasado gracias al don de la memoria. En este diálogo con Vergès, mantenido en 2004, traza un itinerario biográfico por toda su vida, por sus etapas de formación, su obra y papel como diputado y alcalde de Fort-de-France. A través de las idas y venidas del intercambio, descubrimos nuevas facetas del trabajo crítico de un pensador netamente contemporáneo e incólume en sus posiciones antirracistas. Ello llevará a Vergès a proponernos una lectura poscolonial de su discurso en el apéndice que cierra el libro.

Mogobe Ramose y Santos

Salpicado de política, poesía y teatro, el diálogo entre Césaire y Vergès se despliega página tras página como una breve autobiografía. El pensador martiniqués rememora sus primeros pasos en la isla antillana, su formación en el Liceo Schoelcher y su temprano rechazo hacia la cultura pequeñoburguesa local. Aquel entorno, vivido como asfixiante por un joven Césaire, pronto sería abandonado por una promesa de liberación intelectual en Francia. Ya en París, en el Liceo Louis-le-Grand, trabará una duradera amistad con Léopold Sedar Senghor, poeta y futuro presidente de la República de Senegal. “¿Qué somos en este mundo blanco?”, se preguntaban ambos mientras leían a Victor Hugo y Rimbaud junto a la obras de Langston Hughes y Claude McKay. Fue gracias a estos poetas de la Harlem Renaissance que el joven martiniqués comenzó a dar respuestas a sus preguntas iniciales, afirmando junto a ellos su pertenencia a una cultura negra.

Césaire buscará una identidad negra por debajo de las capas de la civilización europea, rompiendo con las jerarquías de reconocimiento cultural establecidas. Había que buscar al negro y preguntarse radicalmente por la identidad y lo específico de una cultura —una cultura marcada por la esclavitud—. Esta posición, que puede ilustrarse con la expresión “Negro soy, negro me quedo”, cuestionaba la doctrina de la asimilación promovida por Francia en relación con los habitantes de sus colonias. Para el intelectual martiniqués, encontrarse a uno mismo era algo previo a mantener cualquier diálogo con la cultura de la metrópoli. Y es que para Césaire, asimilación siempre fue sinónimo de alienación. Algo ya claro en sus textos de 1935, como Negrerías: juventud negra y asimilación: “Servidumbre y asimilación se parecen: son dos formas de pasividad […] Emancipación es, por el contrario, acción y creación. La juventud negra quiere actuar y crear”. La negritud era también dignidad, combate y revuelta.

Chalecos Negros

Militante comunista, Césaire abandonará el Partido Comunista Francés (PCF) en 1956 debido a las posiciones asimilacionistas y nacionalistas del partido. Preocupado por alinearse con la URSS en política exterior, el PCF no sólo relegaba la cuestión colonial a un segundo plano, sino que su papel en laGuerra de Argelia(1954 – 1962) y su apoyo a Guy Mollet, enfrentado al Frente de Liberación Nacional de Argelia, demostraron que estaba preso del imaginario colonial francés. En su conocida Carta a Maurice Thorez (1956), el militante e intelectual reivindica la negritud y denuncia el chovinismo inveterado del partido comunista, que lo llevaba a situar la cuestión colonial como algo subordinado al conflicto entre burgueses y proletarios en la metrópoli. Césaire no abandonará los ideales socialistas, pero asumirá que la liberación de los colonizados y el objetivo de la emancipación universal no podía provenir de un universalismo blanco y eurocéntrico. Por muy de izquierdas que pretendiese ser.

En medio de la conversación, Vergès trata un punto delicado en la vida política del intelectual martiniqués. Una cuestión paradójica: su papel en la ley de “departamentalización” de la Martinica actual. Como diputado, Césaire defendió en 1946 una vía intermedia entre la independencia y la asimilación de Martinica a la República Francesa. Desde un punto de vista pragmático, el político martiniqués pretendía conservar la autonomía del territorio —que tendría representación propia en la República y un modelo de autogobierno— al tiempo que buscaba equiparar los derechos de los martiniqueses a los de los franceses de la metrópoli. Césaire consideró que la independencia era imposible dada la difícil situación económica y social de Martinica, y entendió que era preferible forzar legalmente a la metrópoli a tratarles como ciudadanos europeos. Ese reconocimiento les serviría para obtener ayudas, recursos y presionar por los derechos que les habían sido negados durante la época colonial. Este “pecado” —así lo denomina Vergès— costó a Césaire varias críticas a lo largo de su vida. No sólo por la promesas incumplidas de parte de la República francesa, sino por las tensiones que introdujo esta apuesta en su compromiso militante.

¿Césaire poscolonial?

En uno de los momentos más interesantes del diálogo, Vergès pregunta a Césaire por la revolución haitiana y los procesos de descolonización. También por la soledad del líder de los movimientos de emancipación colonial tras el momento épico de la independencia. Estas cuestiones, abordadas en su biografía de Toussaint Louverture y en la obra teatral del dramaturgo antillano —La tragedia del rey Cristophe y Una temporada en el Congo—, esbozan la difícil situación política de las “poscolonias”. Un momento marcado por la separación cada vez mayor de las élites, los intelectuales y el pueblo, así como por las terribles circunstancias sociales tras el triunfo de la liberación nacional. Cristophe expresa la figura del dirigente que quiere llegar lejos demasiado rápido, revirtiendo la desigualdad de los colonizados a través de una exigencia sobrehumana a los suyos. Cabe recordar, siguiendo a Frantz Fanon, la problemática que aquella coyuntura planteaba a los nuevos Estados poscoloniales: o una autarquía regresiva en un contexto de miseria, o una renovada dependencia de las viejas metrópolis a través del mercado, la deuda y los planes de ajuste. De ahí la importancia de las luchas por la reparación y la unidad de los pueblos liberados –una unidad que Césaire expresa como anhelo en la entrevista–.

Vergès insta a desarrollar una relectura de Césaire desde el contexto actual, desde un horizonte poscolonial. Su “apéndice” a la entrevista resulta interesante en muchos sentidos. Para empezar, es una soberbia introducción a la poscolonialidad como teoría, crítica y situación histórica. Lo poscolonial emerge como cuestionamiento de dos promesas: las de la Ilustración y la Revolución Francesa (libertad, igualdad, fraternidad) y el nacionalismo tercermundista de los movimientos anticoloniales —con su nuevo humanismo y reparación de la dignidad—. Su crítica se dirige tanto a las formas de exclusión y violencia de la situación colonial, como a las desplegadas en el momento nacional. Ambas temporalidades se entrecruzan y proyectan hacia el presente a través de diversas relaciones de poder —en la República francesa, en los Estados poscoloniales—. En este sentido, la crítica poscolonial lo es también de las nuevas formas de disciplinamiento, racismo y sumisión provocadas por el capitalismo globalizado. Un discurso que toma como eje los sujetos subalternos en las ex colonias y las viejas metrópolis europeas. Y lo hace sin nostalgia por las viejas identidades “puras” de un pasado ancestral, sino más bien afrontando el irreversible mestizaje y la criollización contemporáneos. Un paisaje que lejos de ser armónico, se revela como conflictivo.

“Mi concepción de lo universal es la de un universal depositario de todo lo particular, depositario de todos los particulares, profundización y coexistencia de todos los particulares“. (Césaire)

Césaire —dirá Vergès— es un autor poscolonial en la medida en que cuestiona el universalismo blanco y visibiliza la violencia que instituyó lo colonial, situando la matriz del colonialismo en Europa. Su mirada permite mostrar los relieves desiguales de las cartografías sociales que atraviesan las viejas metrópolis y las antiguas colonias, descifrando los fracasos de un universalismo formal que perpetúa exclusión, estigmatización, violencia y miseria sobre los cuerpos racializados. Su pensamiento ayuda a desvelar los sistemas de clasificación social actuales, amplificados por el neoliberalismo y por una pandemia que entiende de raza, género y clase. Por otro lado, Vergès sitúa el legado de Césaire frente a la memoria francesa sobre la esclavitud y las propias prácticas coloniales de la República en las Antillas. La historia francesa pasa por encima de la esclavitud, borrando sus huellas y sus efectos. De modo que al final la abolición de la esclavitud (1848) no forma parte de los grandes relatos que constituyen la identidad francesa. Sin embargo, el racismo y las consecuencias de la misma perseveran por debajo del relato oficial. El pensamiento moderno repudiará reconocer al esclavo y al colonizado como figuras propias, pero no dejan de ser “el doble monstruoso del hombre moderno y civilizado, pero su doble al fin y al cabo” —dirá Vergès—.

Al igual que con la esclavitud, el debate sobre la ley sobre la departamentalización de las Antillas (1946) pasó desapercibido en Francia, sólo quedó reflejado de manera parcial por algunos medios. Como señala Vergès, la cuestión planteada en los debates por la departamentalización sigue siendo muy actual: ¿Cómo combinar igualdad y alteridad en un mismo territorio? ¿Cómo integrar ambas dimensiones en una ciudadanía plena para todo el mundo? Es decir ¿puede la República ser diversa? La memoria también es selectiva aquí, incluso a la hora de abordar los procesos de emancipación, iluminando los más épicos (Argelia) frente a otros poco románticos, como la transformación de las Antillas en Distritos y Territorios de Ultramar. El fondo no cuestionado que imposibilita el lazo entre igualdad y alteridad en Europa es la cuestión racial, el racismo y la pervivencia de las jerarquías raciales tras la descolonización —algo que otros autores, como Aníbal Quijano, han denominado como colonialidad del poder—.

Negro soy, negro me quedo nos muestra un Césaire contemporáneo y vivo. Un intelectual honesto, que asume sus decisiones políticas —sus luces y sombras—, invitándonos a recuperar lo mejor de su legado. Françoise Vergès hace una excelente labor proyectando el discurso del martiniqués sobre un presente lleno de incertidumbres, atravesado por un racismo cada vez más crudo. Brilla también su reflexión original sobre las violentas asimetrías de la era poscolonial. Un mundo en el que miles de migrantes son discriminados o mueren en las costas de Europa tras un trayecto inhumano (”Y el África gigantescamente reptando hasta el pie hispánico de Europa, con su desnudez donde la Muerte siega a grandes hozadas”, escribió Césaire en su primer poemario). Resta por llevar a cabo el proyecto que Césaire siempre acarició, el de un humanismo integral, el de un universalismo radicalmente diferente: “Mi concepción de lo universal es la de un universal depositario de todo lo particular, depositario de todos los particulares, profundización y coexistencia de todos los particulares”. Un universal que sólo podrá realizarse desde abajo: tejiendo alianzas subalternas, solidaridades diversas que luchen por abolir el racismo y la barbarie que produce el capitalismo racial en que vivimos. Toda una tarea. Pero tal y como están las cosas, parece cuestión de supervivencia.

Ebola en Sierra Leona

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Fuente: https://www.elsaltodiario.com/

La Rebelión del Negro Miguel


Acaudillada por el Negro Miguel en 1533 en las minas de Buría y su región, es considerada como la primera rebelión de afrodescendientes en la historia de Venezuela. Durante el gobierno de Juan de Villegas Maldonado, a mediados del siglo XVI, se intensificó la necesidad de adquirir mano de obra esclavizada, tras el descubrimiento por parte de Damián del Barrio de una importante veta de oro en las márgenes del río Buría, cerca de la ciudad Nueva Segovia de Barquisimeto, fundada en 1552 por Villegas.

El descubrimiento de estas minas causó una gran conmoción en la población de la ciudad de El Tocuyo (fundada en 1545), pues revivió la idea del antiguo y enigmático Dorado. En tal sentido, muchos vecinos motivados con la posibilidad de enriquecerse, organizaron y llevaron a sus esclavizados, mineros o agricultores, hacia la nueva veta. A finales de 1552 son trasladados a la ciudad de Nueva Segovia de Barquisimeto, 80 esclavizados para dedicarlos al trabajo en las minas, surgiendo así el Real de Mina de San Felipe de Buría (cerca de Nirgua, en el actual estado Yaracuy).

Entre los esclavizados que llegaron al Real de Minas de San Felipe de Buría, figuraba uno oriundo de San Juan Puerto Rico, el cual se distinguía por su rebeldía y arrojo, el Negro Miguel, quien era propiedad de Pedro del Barrío, hijo de Damián del Barrío. Dado su carácter indomable, en 1553 Miguel huyó con unos compañeros a las montañas, desde donde preparó un ataque al Real de Minas, resultando muertos varios mineros en medio de la oscuridad de la noche.

A partir de este exitoso asalto, el Negro Miguel se hizo fuerte en las montañas y su fama crecía día a día, siendo seguido por indios y afrodescendientes levantiscos con los cuales lo que consideró como su reino, pues el mismo se nombró rey y a su mujer, Guiomar, la hizo coronar como reina.

Asimismo, su pequeño fue reconocido por todos como su heredero. También nombró obispo a uno de sus compañeros y conformó una comunidad a semejanza de los pueblos de los españoles, con sus autoridades y empleados. Con el tiempo el Miguel y sus seguidores se convirtieron en un azote para la región y su presencia comenzó a trastornar las tareas de explotación de las minas.

En ocasión de una ataque del Negro Miguel a la recién fundada ciudad de Nueva Segovia de Barquisimeto, la misma fue defendida valerosamente por sus pobladores capitaneados por Diego García Paredes y Diego Fernández de Serpa, junto a un refuerzo que llegó de la ciudad de El Tocuyo, dirigido por Diego de Losada y Diego de Ortega. En definitiva, el asalto del Afro Miguel quien fue asesinado en Barquisimeto fue rechazado y sus seguidores fueron perseguidos y nuevamente reducidos a ser esclavizados.

Según el testimonio de capitán Diego de Ortega, uno de los jefes de las fuerzas de El Tocuyo, fue García Paredes el que mató al rey Miguel.

Miguel creó el Movimiento Afroindigena que luchó por la abolición de la esclavitud, siendo las montañas de Buría en la ciudad de Nirgua, estado Yaracuy, su principal epicentro de lucha. Desde el 2008 al 2012 en ese estado, a partir del 26 de abril, se llevó a cabo la Ruta de Cimarronas y Cimarrones, con el fin de exaltar la gesta libertaria que el Rey Miguel nos legó.

La experiencia en este contexto, se inició el 26 de abril del año 2008 en el estado Yaracuy, siendo pionera en el desarrollo de tan importante propuesta, la comunidad de Buría, en la ruinas del Fuerte de San Vicente, municipio Nirgua. Continuando posteriormente en el municipio José Joaquín Veroes, lo que ha permitido construir lo que es hoy día la Ruta de los Cimarrones y Cimarronas de Venezuela. Primer Camino Libertario.

Fuente: Conadecafro (título original: La Rebelión del Afro Miguel)

Hace 267 años nació José Leonardo Chirino

José Leonardo Chirino fue un zambo venezolano que lideró una fallida insurrección en busca del establecimiento de la república en el país y la abolición de la esclavitud. Nació el 25 de abril de 1754 en Curimagua, estado Falcón, Venezuela, el 25 de abril de 1754.

Aunque fue un hecho de carácter local, un levantamiento que obedeció a una situación específica, propia de las condiciones sociales generadas por la esclavitud, tuvo inspiración en las insurrecciones de afrodescendientes africanos que tenían lugar en Saint Domingue y también en la Revolución francesa. El movimiento no se propagó más allá de una parte del occidente del país, pero logró provocar una seria alteración del orden colonial en Venezuela.

José Leonardo Chirino fue hijo único de una indígena libre y de un afro esclavizado perteneciente a una familia criolla de apellido Chirino; es entonces, un zambo libre. Se casó con una esclavizada llamada María de los Dolores con quien tuvo 3 hijos: María Viviana, Rafael María y José Hilario. José Tellería, rico comerciante y síndico procurador de Coro, solía realizar viajes de negocios a las Antillas, y en más de una ocasión Chirino se embarca como acompañante.

Es en el territorio del actual Haití, donde el zambo establece un más intenso contacto con las ideas y la práctica revolucionaria que tuvieron su epicentro en Francia; la noticia del momento son los levantamientos de esclavos liderados por Toussaint-Louverture y las tendencias republicanas que pugnan por imponerse sobre el régimen colonial. José Tellería se entera de tales convulsiones y la cuestión le preocupa, Chirino también está al tanto, pero esto, en lugar de preocuparlo, lo estimula: eso de libertad e igualdad tenía que estimular a alguien que jamás ha visto un movimiento similar en Tierra Firme.

Todo esto le sirvió a Chirino para encabezar el 10 de mayo de 1795 un movimiento armado desde la mencionada hacienda. Tras el fracaso de esta insurrección, Chirino fue perseguido y hecho preso por traición de un amigo en agosto del mismo año. La Real Audiencia de Caracas lo condenó a la horca y una vez ejecutada la sentencia el cuerpo de Chirino fue descuartizado el 10 de diciembre de 1796.


Este levantamiento escenificado en la serranía de Coro por un conjunto de esclavizados e indígenas tuvo por objeto la abolición de los esclavos y la supresión de los numerosos impuestos, así como el establecimiento de un régimen inspirado en el haitiano (la Asamblea Nacional francesa había otorgado la ciudadanía a los hombres libres de color en 1792).

Fuente: Conadecafro

La rebelión del negro Miguel en la historiografía venezolana: un balance crítico

En esta oportunidad desde Afroamiga te presentamos un artículo de investigación redactado por el investigador José Marcial Ramos Guedéz a través del cual se hace un balance crítico al abordaje realizado por la historiografía a la rebelión del Negro Miguel.

En el estudio se presentan opiniones, análisis y enfoques metodológicos desde el período de la Colonia hasta el siglo XXI, enfocándose en una muestra representativa de escritos de los autores Fray Pedro Simón, Fray Pedro de Aguado, Juan de Castellanos, José de Oviedo y Baños, Rafael María Baralt, José Gil Fortoul, Miguel Acosta Saignes, Federico Brito Figueroa, Manuel Vicente Magallanes, Jesús María Herrera Salas, Reinaldo Rojas, Gilberto Abril Rojas y otros.

El autor aspira que la ciencia de la historia con carácter de totalidad, permita conocer y comprender la gesta del negro Miguel en el contexto de su época y como símbolo de la primera lucha de los africanos y sus descendientes, incluyendo a la población indígena, contra los conquistadores y colonizadores europeos.

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