Categoría: racismo

Habla con tus hijos sobre las razas y el racismo

Las razas y los efectos perjudiciales del racismo son temas de conversación frecuentes en algunas familias. Pero hay padres que hablan sobre el racismo y la discriminación racial con sus hijos muy raramente o nunca. 

Lo malo es que, cuando los padres no hablan sobre este tema, los hijos pueden recibir el mensaje de que el racismo no está mal o que se trata de un problema de otras personas. Para ayudar a poner fin al racismo, todos tenemos que adoptar un papel activo para erradicarlo, independientemente de quiénes seamos. 

¿Por qué es importante hablar sobre las razas?

Cuando enseñamos pronto a nuestros hijos que está bien hablar sobre las razas, los ayudamos a entender, respetar y a apreciar las diferencias que hay entre las personas. 

Esto hace que aumente su empatía y compasión por los demás. Así, su hijo será más capaz de saber cuando las cosas del mundo son injustas con los demás y podrá hacer algo al respecto. 

¿Cuál es la mejor forma de hablar sobre las razas con los niños?

No hay una forma «correcta» de hablar con los niños sobre las razas y el racismo. En cada familia, esa conversación será diferente, en función de su propia raza, su nacionalidad y su experiencia personal con el racismo. 

He aquí algunas formas de iniciar la conversación y de mantenerla abierta:

Primero, infórmese bien. Aprendiendo sobre este tema, será más capaz de hablar con su hijo al respecto. Escuche los medios de comunicación, las noticias y vea programas o lea sobre la historia del racismo y de los derechos civiles a fin de sentirse preparado para hablar y para contestar preguntas sobre el racismo.

Clarifique cuáles son los valores de su familia. Use sus palabras y su comportamiento para mostrarle a su hijo en qué cree. Los valores en los que se puede centrar pueden incluir los siguientes: tratar igual a todo el mundo, la justicia, defender a los que están sufriendo y respetar a todo el mundo, independientemente del color de su piel, el idioma que habla o de cualquier otro tipo de diferencias

Hable usando palabras sencillas. No sature ni sobrecargue a su hijo con un exceso de información. Dele información sobre los hechos, con sencillez y claridad. Si quiere abordar algo que se ha explicado en las noticias, sea sincero sobre lo que ha pasado, pero no le de a su hijo más información de la que él necesita.

Hable usando palabras adecuadas para la edad de su hijo. Cuestiones como las razas y el racismo son temas de amplio alcance, y pueden ser difíciles de entender para los niños. Aquí tiene algunos consejos para abordarlos teniendo en cuenta la edad de su hijo:

Niños de preescolar: los niños de esta edad están aprendiendo sobre lo que está bien y lo que está mal, y tienen una acertada noción sobre lo que es justo (¡ellos ya se lo harán saber!). O sea que hable con su hijo sobre lo que es justo y sobre lo que no lo es. Dele ejemplos que pueda entender y con los que se pueda identificar, como: «¿Y si alguien hiciera una norma según la cual las personas con (el color del cabello o de los ojos de su hijo) tienen que comer un tentempié diferente que el resto de su clase? ¿Te parecería justo?».

Niños en edad escolar: use ejemplos prácticos de la vida cotidiana para ayudar a su hijo en edad escolar a entender cómo se podría sentir si lo discriminaran o lo hicieran de lado a propósito. Por ejemplo: ¿Qué sentirías si alguien se apropiara de todos los columpios a la hora del recreo y no dejara jugar a lo demás niños?» O «¿Qué sentirías si vieras a un niño de quinto de primaria acosando a otro de primero?» Luego, conecte estas preguntas con ejemplos de la vida real de grupos que hayan sido discriminados. Hacer preguntas como estas ayuda a aumentar la empatía en los niños y les despierta la pasión de defender a otras personas.

Adolescentes y preadolescentes: los niños mayores y los adolescentes están más preparados para abordar temas más duros. Son capaces de entender cómo se puede sentir una persona que sea víctima del racismo, pero también se pueden sentir impotentes para hacer algo al respecto. Hacer una lluvia de ideas sobre formas de ayudar, como defender a un amigo que reciba acoso escolar o que lo excluyan por el color de la piel, o escribir cartas a la dirección de su centro de estudios puede empoderar a los niños.

Hágale preguntas, muchas preguntas. Ayude a su hijo a procesar sus ideas y sus sentimientos haciéndole preguntas como: «¿Qué piensas sobre lo que has visto en la televisión?», «¿Qué has oído?» o «¿Sobre qué están hablando tus amigos?». Esto lo ayudará a hacerse una idea de lo que sabe y entiende su hijo, y podrá ir llenando esos vacíos con información o hacer hincapié en los valores propios de su familia. 

Cree un lugar seguro para compartir sentimientos. Las conversaciones sobre temas duros despiertan fuertes emociones, como el enfado, la tristeza, la confusión y de otro tipo. Los niños que hayan sido víctimas del racismo, o cuyos familiares lo hayan sido, pueden tener sentimientos y miedos más intensos al respecto. Haga saber a su hijo que sus sentimientos son importantes y que están bien que los tenga. Dígale que compartir nuestros sentimientos de formas saludables es algo que nos ayuda a todos. Le puede decir algo como: «Ahora estoy triste, pero no hay nada malo en ello. No me voy a sentir así para siempre.» Esto ayuda a que los niños pongan las cosas en perspectiva.

Mantenga abierta la conversación. Hablar con su hijo sobre las razas y el racismo no debe ser una conversación de una sola vez. Anime a su hijo a acudir a usted con preguntas y siga conversando con él sobre estos temas.

¿Y qué pasa si no tengo respuestas para todo?

No pasa nada si no tiene todas las respuestas. Si no conoce la respuesta a una pregunta, sea sincero y dígale a su hijo que no le puede contestar. Dígale también que ya lo averiguará y que se lo explicará cuando lo sepa.

¿Qué más podemos hacer como familia?

Los padres pueden hacer muchas cosas para educar a hijos compasivos que quieran ayudar a los demás. Aquí encontrará algunas cosas que pueden hacer juntos y en calidad de familia:

Háganse amigos de personas que sean diferentes a ustedes. Considere la posibilidad de escoger una escuela o centro de preescolar, o un club adonde asistan niños de otras áreas y de ambientes diferentes. Así, los niños aprenden que pueden hacer amistades en cualquier sitio.

Aprendan cosas sobre otras culturas. Aprendan juntos sobre personas de otros lugares y culturas. Lean libros, escuchen música, vean películas y aprendan sobre celebraciones que no forman parte de sus propias tradiciones. Vayan a ferias, celebraciones culturales y museos donde se resalte el arte, la historia y la cultura de personas que sean diferentes a ustedes.

Rompan el silencio. Cuando vean algo que les parece injusto, hagan algo al respecto. Digan algo. Escriban una carta. Creen una obra de arte que defienda una causa, o inicienla y anime a sus hijos a hacer lo mismo.

Tú eres el ejemplo que sigue tu hijo (a)

Los hijos conocen el mundo a través de sus padres. Lo que tu hijo(a) te ve hacer es tan importante como lo que te oye decir.

Al igual que el lenguaje, los prejuicios se aprenden con el tiempo. Para que puedas ayudar a tu hijo(a) a reconocer y hacer frente a los prejuicios raciales, primero debes reflexionar sobre los tuyos: ¿Tu círculo de amigos o las personas con las que trabajas representan un grupo diverso e inclusivo?

Aprovecha todas las oportunidades que se presenten para oponerte al racismo, demostrar tu sentido de la bondad y defender el derecho de todas las personas a ser tratadas con dignidad y respeto.

Fuente: Unicef/ kidshealth.org

¿Cómo hablar de racismo en clase?

They tell each other their own wishes. Children in preschool

El tema de la discriminación racial es especialmente difícil de tratar en las escuelas, existe una intención colectiva de crear espacios seguros para los niños mientras se les educa, temas tan complejos como el racismo pueden tocar sensibilidades, especialmente en los alumnos que han sido víctimas de discriminación.

Sin embargo, recientes eventos motivados por violencia racial llaman a un urgente cambio de enfoque y a cuestionarios difíciles, ¿de qué sirve proteger a los niños de temas como el racismo en el salón de clases si fuera de este suceden instancias de violencia racial ? Algunas de ellas contra los mismos alumnos que enseñamos.

Hablar sobre racismo en clase aún no es una obligación legal para todas las escuelas, abordar o no el tema depende de la decisión de cada maestro, pero para aquellos docentes que reconozcan la necesidad social y ética de introducir a sus alumnos un entendimiento sobre el racismo sistémico, a continuación compartimos las siguientes recomendaciones.

Consejos para abordar el racismo en el aula

1. Generar un ambiente de honestidad y empatía

Cuando se educa  a los niños explicando que el color de la piel no importa, este acercamiento  los priva de las bases para entender la raíz del racismo sistémico y los deja sin las herramientas para identificar injusticias sociales con base en el color de la piel o la etnicidad.

Sin embargo, antes de introducir el tema del racismo en clase, es necesario establecer una interacción que establezca un ambiente de respeto y soporte para los alumnos de minorías sociales que ya hayan tenido contacto con el racismo. De la misma forma, es importante ser honestos, certeros y empáticos con los alumnos que no tengan experiencia en el tema. 

Cualquier instancia de educación antirracista en el aula debe tener clara la diferencia entre visibilizar en vez de traumatizar, y educar en vez de culpabilizar.

2.  Acostumbrarse a la incomodidad

Hablar sobre racismo en el aula es desafiante, especialmente en un grupo mixto en el que se encuentran minorías y mayorías sociales. Los alumnos de mayoría pueden presentar temor de ofender a alguien al hablar sobre el tema, y los alumnos de minoría podrían encontrar agotador relatar sus experiencias de vida para educar a personas que no las experimentan de la misma manera.

Pero que no las vivan de la misma forma no quiere decir que no estén abiertos a entenderlas o a comprender el concepto de desbalance social y cómo afecta a sus compañeros. El racismo no es un tema cómodo y es importante transmitir a los alumnos que está bien estar incómodos, mientras la conversación se dirija a un mejor entendimiento sobre cómo las distinciones sobre el color de la piel generan desbalance social y cómo podemos hacer nuestra parte para evitar este desequilibrio. 

Más que hacer a los alumnos sentirse cómodos al entrar en una conversación sobre discriminación racial, es más valioso y productivo hacerlos sentir seguros para que se comuniquen en forma honesta, asertiva y empática.

Esto implica también la admisión de errores al momento de abordar una discusión, es necesario entender que el aula es un lugar para aprender y que nadie comienza una conversación sobre racismo para volverse experto en cinco minutos.

Si ya establecimos una base de comunicación sensible, es recomendable asumir que los comentarios de los estudiantes vienen de un lugar de buenas intenciones y deseo de aprender. Una conversación sobre el racismo también debe servir para establecer la responsabilidad sobre un discurso, sin deshumanizar ni destruir la voluntad de seguir aprendiendo sobre cómo abordar temas de injusticia social.

3. Partir de bases históricas y sociales concretas

Hablar de las experiencias de los alumnos de minorías puede ser esclarecedor para entender el tema del racismo a un nivel personal. Pero para entender el racismo sistémico, es indispensable recurrir a las bases históricas que lo documentan.

Existe un vasto registro histórico que visibiliza el racismo sistémico e incluirlo en el currículum previo a una discusión en clase sobre la discriminación racial es crucial para comprender no solo la existencia de la discriminación racial, sino cómo esta se ha invisibilizado y minimizado a través de la historia, haciendo posible que grupos de minoría la hayan experimentado por siglos, y que aún en nuestros días este tipo de discriminación siga presente.

4. Aclarar: el racismo es malo, no las personas 

Definir el racismo como un problema sistémico y no como una práctica personal es relevante para iniciar una conversación productiva sobre injusticia social con base en la raza o etnicidad. Esto no quiere decir que no haya personas que sean activamente racistas, pero también es necesario diferenciar entre este grupo y quienes incurren en patrones de racismo porque no fueron educados para cuestionar las diferencias sociales entre personas de distintas etnias y como estas generan injusticia social.

Sin duda, el racismo es una instancia de injusticia, y debe señalarse cada vez que se vea en el día a día, pero también es necesario saber que un problema sistémico no se resuelve sólo con señalar cada vez que lo vemos, sino reflexionando el cómo y por qué lo vemos, enfocando nuestra atención en el patrón de racismo, más que en la persona que lo reproduce porque no conoce otra cosa.

5. Promover las preguntas que llamen a la reflexión

Hablar de racismo en clase va a generar preguntas, el maestro deberá actuar como moderador para que la conversación se centre en las preguntas que ayudan a avanzar a un mejor entendimiento sobre cómo funciona el racismo sistémico, a quién afecta y por qué, cuáles son las instancias que practicamos sin darnos cuenta, cómo evitarlas, cómo señalarlas constructivamente cuando suceden en un espacio en el que podemos razonar con el otro y cómo desafiarlas o denunciarlas cuando no suceden en un espacio seguro.

Atender y poner enfrente de la conversación preguntas que intenten resolver estas cuestiones sentará las bases de una discusión productiva con potencial para ayudar a los estudiantes a comprender el racismo sistémico y cuál es su rol en el intento por desmantelarlo.

Fuente: observatorio.tec.mx

Xenofobia y racismo, diferencias y cómo afectan a nuestra sociedad

Xenofobia y racismo son dos términos que son utilizados en muchas ocasiones de manera indistinta. Sin embargo, aunque ambas palabras hacen referencias a posiciones intolerantes e incompatibles con la vida en una sociedad multicultural, no significan exactamente lo mismo.

La palabra xenofobia es un término compuesto proveniente del griego. El prefijo xeno, del griego ξενο, hace referencia a algo o alguien de origen extranjero, es decir, de un país que no es el propio. El sufijo fobia indica miedo.

Por lo tanto, xenofobia sería, literalmente, «rechazo al extranjero». En este caso no habría necesariamente connotaciones raciales o culturales sino, en teoría, un desprecio por el mero hecho de no tener la misma nacionalidad.

Historia del racismo

El racismo, por su parte, es un término que hace referencia a una actitud o ideología mucho más moderna. La diferenciación racial entre seres humanos tiene su origen en la conquista de América por parte de los países europeos y el proceso de esclavización masiva de personas africanas llevado a cabo para la posterior explotación de los recursos del Nuevo Mundo.

Los españoles establecieron tres razas en la sociedad de sus colonias americanas: blancos, indios y negros. Entre medias, se vieron obligados a crear un complejísimo sistema de castas ante la realidad que se dio sobre el terreno. Las personas de estas razas que habitaban el continente empezaron a mezclarse y crear una población fundamentalmente mestiza.

Posteriormente, el racismo blanco sirvió como justificación para el mantenimiento de la esclavitud de las personas traídas de África. Esto contravenía claramente la religión cristiana de los colonos europeos que se establecieron en América.

El sistema racista más elaborado y genocida de la historia tuvo lugar, sin embargo, en Europa y tuvo como víctimas a las distintas minorías étnicas del continente, especialmente a los judíos. El régimen nazi establecido en Alemania en los años 30 y 40 y el holocausto que llevó a la práctica supuso un antes y un después en las actitudes frente al racismo en el planeta.

Aunque otros regímenes racistas como el Apartheid sudafricano sobrevivieron hasta los años 90, el racismo, en general, perdió todo prestigio como doctrina ideológica. Desgraciadamente, las actitudes racistas siguen presentes hoy en día en Europa y en muchas otras partes del mundo.

Como evidencia de esto encontramos el ascenso de partidos con un discurso xenófobo y soterradamente racista en muchos países de Europa. En otros lugares del mundo, la situación es aún peor y muchas personas han tenido que abandonar su país por motivos racistas o xenófobos.

El término aporofobia

En la práctica, la xenofobia rara vez no está acompañada por un rechazo étnico o abiertamente racista. Es difícil encontrar posiciones xenófobas frente a personas provenientes de países del entorno occidental, en término estricto igual de extranjeros que los que provienen de otras zonas del planeta y que son víctimas de actitudes xenófobas mucho más a menudo.

La explicación a esta peculiaridad podría ir más allá del racismo y nos la da el término aporofobia. Esta palabra, acuñada por la filósofa española Adela Cortina hace referencia a «un sentimiento de miedo y en una actitud de rechazo al pobre, al sin medios, al desamparado«. En cierto modo, la intolerancia no vendría marcada tanto por el origen o la raza de una persona como por su clase social o una combinación de todo ello.

Fuente: acnur.org

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