Autor: fundacionafroamiga (Página 1 de 58)

La esclavitud africana y su legado en el Caribe

El comercio de esclavos o trata atlántica se prolongó desde el siglo XVI hasta mediados del XIX: un negocio boyante que, mediante la captura de más de doce millones de personas en África y su venta en territorios caribeños como mano de obra para cultivos, construyó fortunas e imperios.

La existencia de tierras aptas y baldías en el Caribe favoreció el asentamiento y cultivo con productos tropicales que pronto alcanzaron una gran demanda en Europa (azúcar, café o algodón). El empleo del trabajo coactivo fue el otro factor que aseguró que la empresa fuera rentable al ser una mano de obra barata, de aprovisionamiento regular, fácil reposición y captura.

Un negocio seguro y regulado

La riqueza generada por el trabajo esclavo contribuyó al auge económico de Europa y animó a muchos países a participar. Desde la segunda mitad del siglo XVIII los ingleses controlaron el comercio de esclavos.

Según la bandera de la embarcación, el número de esclavos transportados y vendidos por parte de cada país se repartió así:

  • Portugal, 5 848 266;
  • Gran Bretaña, 3 259 441;
  • Francia, 1 381 404;
  • España, 1. 061 524;
  • Holanda, 554 336;
  • Trece Colonias y Norteamérica (a partir de 1783) 305 326;
  • Dinamarca: 111 040.

La trata fue una empresa internacional realizada tanto legal como ilegalmente. Fue ejercida en un principio por mercaderes, compañías mercantiles y desde 1789, tras la liberalización de este comercio, por particulares. Gran Bretaña la prohibió en 1807 aunque el tráfico se mantuvo hasta la década de 1860.

Fue un negocio seguro por la demanda creciente de esclavos en América y la diferencia abismal entre el precio de compra y el de venta. Muchos sectores de la sociedad se beneficiaron en distintas proporciones: comerciantes, capitanes de barco, marineros, hacendados, personas de medianos recursos, las Coronas y la Hacienda Real.

Un viaje mortal de dos meses

La costa occidental de África, especialmente la zona del Calabar, fue de donde se extrajeron un mayor número de esclavos, y en el siglo XIX las regiones del Índico africano. Los capturados eran conducidos a las factorías (instalaciones fortificadas edificadas en la costa) donde esperaban en los barracones su venta, y eran carimbados (marcados) con un hierro candente. A partir de mediados del siglo XVI, el viaje era directo de África a los puertos americanos. Los navíos eran buques mercantes con una capacidad para entre 200 y 800 personas, y una alta tasa de mortalidad (20% – 15%). La duración de las travesías oscilaba entre 30 y 70 días.

Distintos códigos y reglamentos integraron un cuerpo legislativo que sistematizaba la venta y vida cotidiana del esclavo: Código de Barbados, de 1661, que sirvió de modelo en las colonias británicas de las Antillas; el código de Santo Domingo, de 1768; Luisiana, de 1769, y Santo Domingo, de 1784, para las colonias españolas, y el Code noir, de 1685, vigente hasta 1789 en las Antillas francesas.

Rebeliones y derechos

El esclavo no fue un sujeto pasivo. No dejó de esforzarse por mantener sus tradiciones y conquistar espacios de libertad. Desde el siglo XVI se produjeron rebeliones.

La primera fue en La Española (isla de Santo Domingo) en 1521. Algunas se quedaron en revueltas, otras consiguieron marcar un nuevo ritmo en la historia mundial: por ejemplo, la Revolución de Saint-Domingue de 1791, que finalizó con la creación de Haití, en 1804, por exesclavos.

Otra forma de resistencia fue el uso de la ley. A través del síndico de esclavos, reclamaron derechos y en algunas ocasiones la libertad. La abolición fue un proceso lento y desigual iniciado en 1838 y finalizado en 1888.

Un legado actual

Junto a los esclavizados viajaron tradiciones, alimentos y plantas que en tierras americanas se mezclaron con las culturas indígenas y europeas. Este mestizaje continuo originó nuevas culturas.

En América pervive el uso de plantas para curar algunas enfermedades y de alimentos: quimbombó, ñame, ackee, fufú o fricanga.

En la música, son muchos los ritmos resultantes: el son, la rumba, bomba, plena, biguine, merengue, cumbia, reggae, bullerengue…

La Regla de Ifá, Shango Cult, Palo Monte, Candomble, Vudú, son ejemplos del sincretismo religioso.

Las diferencias físicas superficiales, como el color de la piel, que no genéticas, contribuyeron a fortalecer las ideas sobre las diferencias entre las poblaciones que justificaron la esclavitud, la exclusión y el racismo.

Fuente: https://theconversation.com/

“ReConoce Lo Afro” es la campaña que promete exponer los aportes de las personas afrodescendientes

“ReConoce Lo Afro”, es la iniciativa que promete sensibilizar a la población sobre las contribuciones de la población afrodescendiente en la región del SICA, conformada por Belice, Costa Rica, El Salvador, Guatemala, Honduras, Nicaragua, Panamá y República Dominicana.

Se trata de una campaña impulsada por Epsy Campbell, primera vicepresidencia de Costa Rica, que cuenta con el apoyo técnico y financiero de la Unión Europea.

“La política, la economía, la ciencia, la literatura, las artes y muchas disciplinas más se han visto nutridas por la población afrodescendiente. La campaña “ReConoce Lo Afro” es una iniciativa con la que esperamos dar a conocer algunos de esos aportes que han contribuido indiscutiblemente al desarrollo de nuestras sociedades”, dijo Epsy Campbell, vicepresidenta de la República.

La Campaña contempla productos para redes sociales, podcasts y videos testimoniales de personas afrodescendientes en áreas como la ciencia, literatura, política, música, gastronomía, deportes y artes escénicas.

Fuente: https://www.larepublica.net/

La negritud

Hablar de razas y racismo es adentrarnos en un terreno de arenas movedizas. Si pisamos en falso, nos ahogamos sin remedio. Esta advertencia viene al caso, porque nuestras sociedades, surgidas de la violencia de la conquista y de la mezcla de razas, arrastran en mayor o menor grado el flagelo del racismo y de la exclusión del otro por el color de su piel. Y esto es particularmente sensible cuando nos toca abordar la presencia de los pueblos del África negra o subsahariana en nuestro continente. ¿Negros o afro-descendientes?

Si revisamos la historia, el término “negros” tiene su impronta y significado controversial: puede significar algo bueno o todo lo malo. En nuestra conformación nacional, el aporte de los negros africanos y sus descendientes ha creado escuelas y corrientes de pensamiento. En Venezuela, Juan Pablo Sojo, Miguel Acosta Saignes, Federico Brito Figueroa, Michaell Ascencio, Alfredo Chacón, Angelina Pollak-Eltz, Manuel Rodríguez Cárdenas, José Marcial Ramos Guédez, entre otros, señalan esos derroteros de los estudios afro-venezolanos en el pasado y en el presente, en arte, literatura, historia y ciencias sociales en general. Pero el tema sigue presente.

Es nuestra Constitución de 1999, la que incorpora dos conceptos de gran importancia en las políticas de Estado relacionadas con el tema racial: El carácter multiétnico y pluricultural de la sociedad venezolana y el derecho político a la igualdad sin discriminación. Sobre estos principios, la Asamblea Nacional aprobó en 2011, por primera vez en nuestro país, la Ley Orgánica contra la Discriminación Racial. En términos legales, se trata de un gran paso en contra de todas aquellas formas de discriminación, en especial, la racial, la cual se define, según este instrumento legal, como “toda distinción, exclusión, restricción, preferencia, acción u omisión, que fundadas en las ideologías racistas y por motivos de origen étnico, origen nacional o rasgos del fenotipo, tengan por objeto negar el reconocimiento, goce y ejercicio, en condiciones de igualdad de los derechos humanos y libertades de la persona o grupos de personas.”

La discriminación por el fenotipo es la que equivale al tratamiento que se la hace a la persona por el color de su piel, lo cual pone en debate el término histórico de negro y negritud. Por ello, paralelo a esta situación, es que nuevos términos como afrodescendencia han tomado carta de ciudadanía. “Ahora no somos negros, somos afro-descendientes”, me decía un poblador de Farriar en el Estado Yaracuy a propósito de la presentación de mi libro El negro Miguel y otros estudios de africanía. Pero, ¿no es este cambio de concepto, una expresión de racismo al revés?

En primer lugar, todos los humanos procedemos del África, somos afrodescendientes. Lo otro, es que hay dos Áfricas: un África de pueblos árabes, cuyo color de piel es blanca o aceitunada. Y un África localizada debajo del gran desierto de Sahara, de pueblos de piel negra. En ambos pueblos ha habido esclavitud. Ambas Áfricas comparten la religión musulmana. Lo que las diferencia a simple vista, es el fenotipo, el color de su piel. Pero lo que es si es totalmente cierto, es que la historia del mundo moderno, la historia de las economías levantadas sobre la colonización de América y la ocupación del África subsahariana para transformarla en cazadero de esclavos, ese mundo de los siglos XV al XXI, que es el nuestro, se levantó sobre la esclavitud de las poblaciones negras africanas. En ese sentido, Negro, esclavitud y discriminación se hicieron sinónimo. Allí es donde está la raíz del problema. No en el color de la piel que es algo natural.

Por ello es que cabe introducir en esta reflexión contra la discriminación racial, que la negritud es un movimiento inicialmente literario de afirmación del negro como ser humano que nació en la década de los años 30 en Francia y que luego se extendió al África, sirviendo de impulso intelectual a la independencia de muchos países africanos contra el dominio colonial europeo. Surgida del vocablo francés négritude, le correspondió al escritor haitiano Aimé Cesaire introducir el término en el número 3 de la revista L’étudiant noir (El estudiante negro), buscando con ellos reivindicar la identidad negra y su cultura frente a la cultura francesa dominante y opresora, que se servía de ella como instrumento en la administración colonial francesa. El concepto fue retomado, posteriormente por el líder político senegalés Léopold Sédar Senghor, que lo profundizó, oponiendo la razón helénica a la emoción negra. El término se proyecta aún más con la fundación, en 1947, de la revista Présence Africaine de modo simultáneo en Dakar y París. Es el filósofo Jean Paul Sartre, quien definirá la negritud como la negación de la negación del hombre negro. Rechazando la asimilación cultural del blanco, la negritud buscaba rescatar los valores de lo negro como cultura y civilización.

Tambor, poemas para negros y mulatos, de Manuel Rodríguez Cárdenas, publicada por la Asociación de Escritores de Venezuela en 1938, podría ser ubicada como una expresión de aquel espíritu de revuelta que significó la negritud contra el envilecimiento y desnaturalización de toda una parte de la Humanidad, que el colonialismo calificó peyorativamente de negros.

Andando el tiempo, el mismo término de negritud quedó en desuso, como bien lo señala el poeta y escritor Rene Depestre en su “Saludo y despedida de la negritud” aparecido en la obra colectiva África en América, que la editorial siglo XXI de México publicó, con el auspicio de la Unesco, en 1977, bajo la coordinación del historiador cubano Manuel Moreno Fraginals. Mientras tanto, el racismo seguirá su curso sino lo abatimos de nuestra mente con una educación de la tolerancia que cultive los valores de la diversidad y la diferencia entre los seres humanos como la fuente de su progreso y libertad. Ya lo dijo José Martí en 1888: “No hay odio de raza, porque no hay razas.” Ni racismo al derecho ni racismo al revés. Solo seres humanos.

Fuente: eluniversal.com

Una buena señal en contra del racismo en el fútbol

América es un continente cuyos países se han construido sobre las bases del racismo. La discriminación existe y la pobreza, en mucho, está vinculada con lo étnico. Y el fútbol es un lugar en donde se concentran los racismos. Basta estar en un estadio apenas unos minutos para escuchar los insultos a los jugadores por el color de su piel.

Se creyó, hace mucho, cuando Ecuador se clasificaba a su primer Mundial, que era una reivindicación de la negritud: aquellos que surgieron de la pobreza daban al país uno de los pocos momentos de unidad nacional. Según sociólogos y antropólogos, solo las guerras con Perú generaban algo similar.

La negritud es, desde los años 7 0, el motor del fútbol ecuatoriano. En este momento se ha colocado un tema de conversación: Édison Méndez, el técnico interino de Liga Deportiva Universitaria, quien es uno de los mejores de todos los tiempos, un mundialista, un referente en la cancha cuando jugaba, está teniendo una experiencia extraordinaria como estratega. Los especialistas dicen que el equipo juega muy bien. Los aficionados apoyan fervorosamente para que quede como principal. De confirmarlo, será un gran paso. Tiene los méritos para ser DT: tiene una idea del fútbol y sabe transmitírsela a los jugadores.

En el país, los técnicos ecuatorianos no han tenido muchas oportunidades; pocos, además, han sabido aprovecharlas. Si lo designan, será un gran paso y algo insólito: si bien hubo afroecuatorianos que han sido técnicos interinos, Méndez sería el primero en dirigir un equipo grande del país. Y en eso consiste lo extraordinario, en estos tiempos en que hay que abogar por el fin del racismo en la sociedad y en el fútbol. Méndez -y esto es lo interesante- no lo sería por condición de afro, sino porque la inteligencia que tenía como jugador la está aplicando como técnico.

En el baloncesto estadounidense se preguntaban por qué habiendo tanto jugador afro excepcional no había técnicos negros. Quizá llegó el momento para algo así en el fútbol ecuatoriano. Pero es posible que no sea confirmado porque aún no tiene el título… cosas de la vida, del deporte, de la meritocracia.

Fuente: elcomercio.com

Venezuela afrocaribeña

Leyendo Visión de América, del escritor cubano Alejo Carpentier, quien vivió tanto tiempo en nuestro país, me encuentro con una visión caribeña de Venezuela que ha sido mutilada en nuestra historia. La insistencia del Comandante Chávez para que interiorizáramos la idea de nuestro frente caribeño y nos diéramos cuenta que Venezuela no limita al norte con el Mar Caribe, sino que nuestro mar termina colindando con Estados Unidos (dada su colonización de Puerto Rico) o con Francia (por la colonización de Martinica o Guadalupe), se reflejó en los mapas, donde al aparecer la Isla de Aves a 560 kilómetros de La Guaira puede apreciarse la magnitud del espacio marítimo venezolano. También en el estrecho hermanamiento con el Caribe en que no se habla español, particularmente con Saint Vincent y Las Granadinas o Dominica, que además forman parte del Alba. Petrocaribe es la prueba de esa conciencia caribeña.

Pero no es solo cosa de mapas o relaciones internacionales. La reciente República de Barbados o Granada comparten una historia común con nuestra afrovenezolanidad y hacen parte de tierras conocidas y habitadas por pueblos caribes mucho antes de la invasión europea.

Pueblos con los que tendríamos mucho más que compartir si miramos hacia nosotros y apartamos esa visión colonizada que nos separa de Haití, primera nación independiente de Nuestra América, donde una revolución real rompió con la esclavitud y enfrentó la agresión europea, nación que dio tanto a nuestra independencia pero que aparece tan poquito en el imaginario venezolano.

“Pequeñas islas” se atrevió a decir uno de esos agentes imperialistas que ha atentado contra Venezuela en estos años. Gente hermana, como Franz Fanon que supo pensar con plena profundidad el racismo colonialista que tanto tiene que ver con nuestra historia o el guyanés Walter Rodney, asesinado justo por develar esos mecanismos de la dominación.

Nuestro frente caribeño, afrocaribeño, no se limita a la costa, se proyecta hasta al sur, hasta El Callao. Si la educación es la formación de voluntades, como escribió Simón Rodríguez, hay que rehacerla para que abarque toda la plenitud de esta nación pluriétnica y multicultural. Por ahí está una clave para forjar nuestro lugar en el mundo.

Fuente: Últimas Noticias

La Cámara de Representantes de EE UU aprobó un proyecto que prohíbe discriminar el pelo afro

En la conquista de derechos civiles por parte de la comunidad negra de Estados Unidos todavía queda camino por recorrer. Recientemente, la Cámara de Representantes aprobó la norma que prohibirá cualquier discriminación basada en el pelo de una persona. Si se es afroamericano se enfrenta un dilema que no viven otras etnias: dejar crecer el pelo natural o someterlo a productos químicos para que “el pelo malo” se transforme en “pelo bueno”. La ley Crown (Create a Respectful and Open Workplace for Natural Hair) pretende generar un lugar de trabajo respetuoso y abierto para el cabello natural al prohibir “la discriminación basada en el tipo de peinado o la textura de pelo de un individuo”. La ley marcha ahora hacia el Senado. Su aprobación en la Cámara se hizo de forma partidista, 235 votos demócratas a favor y 189 republicanos en contra.

Algunos Estados como California, Colorado, Nueva York y Nueva Jersey ya habían adoptado la legislación Crown y en más de una veintena hay proyectos de ley para sancionar la discriminación por el pelo afro en sus respectivos Congresos estatales. Presentada por la congresista demócrata de Nueva Jersey Bonnie Watson Coleman, la norma declara que “de forma rutinaria, los afroamericanos se ven privados de oportunidades educativas y laborales por llevar el cabello de forma natural o recogido de diversas maneras, ya sean trenzas o rastas”.

“Hoy estamos aquí, aunque mis colegas del otro lado de la bancada no lo reconozcan, defendiendo a personas discriminadas, como niños en la escuela, como adultos que intentan conseguir un trabajo, personas que buscan conseguir una vivienda, personas que simplemente quieren acceder a viviendas protegidas y ser beneficiarios de programas financiados por el gobierno federal”, dijo Watson en declaraciones en la Cámara este viernes por la mañana. “¿Y por qué se les niegan estas oportunidades?”, se ha preguntado retóricamente la congresista. “Porque hay personas en esta sociedad que toman decisiones que piensan que porque tu cabello sea rizado, o esté trenzado, o hecho nudos o no sea ni lacio ni rubio, ni castaño claro, de alguna manera no eres digno de acceder a todo eso (…)Eso es discriminación”, concluyó.

Por décadas, los tribunales de EE UU han recibido demandas de afroamericanos que fueron despedidos de sus trabajos por llevar el pelo al natural, sin domar. En 2010, Chastity Jones, afroamericana de Alabama, recibió una oferta para trabajar en el servicio al cliente de la empresa Catastrophe Management Solutions. Sin embargo, el requisito era que se cortara las rastas porque “tendían a desordenarse”. La Comisión de Igualdad de Oportunidades en el Empleo presentó una demanda en nombre de Jones en 2013 y perdió. En 2016, un Tribunal de Apelaciones confirmó el fallo y desestimó el caso. El Tribunal Supremo no quiso escucharlo. Jones se negaba a cambiar su peinado porque es una expresión de su “herencia, cultura y orgullo racial”, como lo describió otra demandante, que fue despedida por no destrenzar su cabello.

“No hay ninguna razón lógica por la que alguien deba ser discriminado en ningún nivel debido a la textura o el estilo de su cabello”, puntualizó Watson Coleman, quien sin nombrarlo hizo alusión a Andrew Johnson, un luchador negro del equipo universitario de Nueva Jersey con rastas que se vio obligado en 2018 a tomar una dura decisión: cortarse el cabello o dar por perdido el combate.

“Este proyecto de ley es de vital importancia”, prosiguió Watson. “Es importante para las niñas y los niños pequeños que tienen que cortarse el cabello en medio de un combate de lucha libre frente a todos porque un árbitro blanco dice que su cabello es inapropiado para participar en la pelea”. Antes de que se pasase a la votación, varios legisladores afroamericanos dieron testimonio de haber sido discriminados por su cabello. Gwen Moore, demócrata de Wisconsin, dijo que alguien comentó a un antiguo empleador suyo que era “una vergüenza” la forma en la que lucía su pelo.

Fuente: elpais.com

Invisibles en Latinoamérica: afrolatinos, la diáspora perdida

¿Quiénes son, dónde están, y cómo viven y enfrentan el racismo las personas afrodescendientes en América Latina y el Caribe? A las puertas de una Cumbre Afro en Puerto Rico, DW conversó con dos activistas.

Afrodescendientes latinoamericanos hispanoparlantes, o palenqueros colombianos, con una lengua que viene del kikingo del Congo y el kimbundu del norte de Angola, invisibles en la representación regional difundida a nivel global.

“Pensando que yo era fea, que yo venía de unos negros esclavos y que tenía que parecerme a ellos lo menos posible”. Así creció Edna Liliana Valencia, como tantas mujeres negras en América Latina. Eso “me hizo transformar mi cuerpo —¡porque el pelo es cuerpo!— con químicos que afectaron mi salud y mi autoestima”, contó hace unos días esta periodista afrocolombiana, al explicar, en la radio dominicana, la relación entre cabello, cuerpo, historia, estética e identidad.

“No somos descendientes de esclavos, somos descendientes de gente que fue esclavizada y que no pudo escoger a dónde la llevaban o dónde iban a morir en el trayecto”, aclara a DW Mayra Santos-Febres, coordinadora del programa de Afrodescendencia y Racialidad de la Universidad de Puerto Rico (UPR): “Diferentes imperios juntaron bajo la raza genérica de negros a personas de muchas naciones y etnias. Y las repartieron en espacios que ahora mismo forman parte de una comunidad de naciones extensísima”, insiste.

“La gente tiene conciencia de que hay una diáspora afroestadounidense, mucho más visible, que está conformada por unos 50 millones de personas. Y hay un poco más de conciencia de la diáspora brasileña, de la diáspora caribeña —de países como Haití o Jamaica—”, explica Edna Liliana Valencia a DW. Pero a las personas de América Latina hispanoparlante, el mundo “no los imagina como países donde haya presencia afro”, sostiene.

“Estamos en América Latina y no hacemos parte de la imagen, ni de la iconografía latinoamericana. Ni nos reconocemos a nosotros mismos como descendientes de africanos, porque esa historia nos ha sido robada por la historiografía tradicional”, añade Valencia, que se ha formado en Estudios Afrolatinoamericanos y fue consultora de representación afro para la última producción animada de WaltDisney, Encanto.

“La minoría más invisibilizada de América Latina y el Caribe”

Cuando se habla de la esclavización, de 400 años de tráfico trasatlántico sistemático de africanos desde la costa occidental de África hacia Sudamérica, “nadie se pregunta qué pasó con esta gente, con sus descendientes”, reclama la comunicadora afrocolombiana. Y habla de ellos —de sí misma—, como “la diáspora latinoamericana”, ”la diáspora perdida”, que estima en una población de hasta 200 millones de afrodescendientes, de los cuales un 51 por ciento serían mujeres.

“En términos prácticos, tenemos países con un altísimo porcentaje de población afro, desprovistos de esos elementos de identidad”, lamenta. Y, en efecto, entre el 20 y el 30 por ciento de los latinoamericanos y caribeños se identifican como afrodescendientes. Esto es, al menos uno de cada cuatro: entre 133 y 180 millones de personas, según el censo o estimado que se tome como referencia.

Se considera que estas personas están concentradas sobre todo en Haití, Brasil, Cuba, Panamá, República Dominicana, Costa Rica, Ecuador, Colombia, Uruguay, Perú, Venezuela y Honduras, de acuerdo con su proporción sobre la población total. Pero las cifras y los métodos para obtenerlas son variables y discordantes. Y el Banco Mundial coincide con Valencia al identificar esta población como “la minoría más invisibilizada de América Latina y el Caribe”.

“Se han creado mecanismos para no contar a las poblaciones afrodescendientes en nuestros países”, explica la escritora y profesora afroboricua Mayra Santos-Febres. “Se ha utilizado el discurso de la nación y de las identidades nacionales para invisibilizarnos. Hay un mito de democracia racial en todos los Estados latinoamericanos y caribeños (también en las colonias), de que la única identidad sagrada, suprema, es la identidad nacional”, dice.

“Racismo estructural e infraestructural”

En Latinoamérica y el Caribe, considerada la región más desigual del mundo, este racismo estructural, reflejado tanto en la historiografía como en las estadísticas, ha llevado también a un “racismo infraestructural”, asegura Valencia: “Si tú vas a las ciudades de mayoría afro de cualquier país en América Latina, son ciudades con una infraestructura menos desarrollada”, explica. Y pone como ejemplos las localidades de Quibdó, Buenaventura y Tumaco, en Colombia. O Colón, en Panamá. “Con una gran diferencia en infraestructura con respecto a otras ciudades del país, porque se considera, de alguna forma, que los africanos debemos vivir mal, ya sea en África o fuera de ella. Esta idea de la pobreza generalizada de los africanos trasciende las fronteras y nos alcanza donde quiera que estemos en la diáspora”, observa.

Un estudio reciente de la OPS sobre las poblaciones afrodescendientes en 18 países de la región confirma que viven en contextos de discriminación y racismo institucional, con desventajas sociales y económicas exacerbadas por desigualdades de género, que repercuten en su salud y bienestar: mayores tasas de mortalidad materna, embarazos precoces, así como enfermedades drepanocíticas (anemia) y crónicas como la diabetes, la hipertensión y el VIH. Además, la OPS confirma su menor acceso a la educación, el empleo, viviendas adecuadas, y servicios básicos como el agua potable y el saneamiento.

Resistencia: del cimarronaje a la reivindicación del pueblo afrolatino

Antes, “nuestro único objetivo era vivir en libertad, escapar de la esclavización”, por eso la resistencia se resumió en el cimarronaje, la huida de las personas esclavizadas al monte. Pero, hoy en día, cada vez más afrodescendientes de todas las áreas del conocimiento y la acción trabajan por combatir el racismo y reivindicar al pueblo afrolatino desde la ciencia, el arte, la literatura, los medios, la música, la estética, el periodismo, la participación política, las leyes, enumera Edna Liliana Valencia.

Lo que cuenta, se refleja, por ejemplo, en el programa de la Cumbre Afro que se celebró en marzo de este año en la Universidad de Puerto Rico y a la que también acude Valencia. Una cumbre, enmarcada en el decenio internacional dedicado por la ONU al reconocimiento, la justicia y el desarrollo de las personas afrodescendientes,  “centrada en reparaciones y en visión de futuro”, precisa su organizadora, Santos-Febres.

Desde la vicepresidenta costarricense Epsy Campbell a la cantautora peruana Susana Baca o la deportista puertorriqueña Jasmine Camacho-Quinn, y otros líderes políticos, activistas, académicos y artistas afrodescendientes de Puerto Rico, México, Colombia, Perú, Costa Rica, República Dominicana, Cuba, Venezuela, y Estados Unidos, se reunieron para debatir e impulsar “esfuerzos de inversión social y de reparación de marginaciones”.

“Algunos, como yo, estamos luchando por despertar la conciencia de quienes no se sienten parte de la lucha”, dice la periodista Valencia, pues, tras siglos de opresión, muchos la han normalizado. Pero “los frutos se están dando: cada vez más niñas en toda América Latina crecen conscientes de que su cabello no es un problema. Aunque la mayoría se alisa, ya un porcentaje creciente de niñas y niños están creciendo con su cabello natural”, celebra.

Y el detalle estético, que puede parecer superficial, es la punta del iceberg de una “narrativa racista y eurocentrada”, que lleva a preguntas más complejas sobre la identidad: “¿por qué nos impiden ir al colegio con nuestro cabello natural, por qué nos niegan trabajos, por qué nos niegan oportunidades de desarrollo únicamente por tener el cabello afro? ¿Por qué nos están negando derechos, cuestionando el derecho a la identidad, a ser lo que somos?”

El balance, tanto para Santos-Febres como para Valencia, es incompleto, pero positivo: “Estamos en un momento de gran efervescencia”, opina la escritora puertorriqueña. “Hemos ido recuperando espacios”, resume, por su parte, la periodista colombiana, “incidiendo para que las demás generaciones no tengan que luchar por lo mismo, así como nuestros ancestros lucharon para que nosotros no tengamos que enfrentar la esclavización ni el racismo que enfrentaron ellos”.

Fuente: https://www.dw.com/

Día Mundial contra la Esclavitud Infantil

El 16 de abril se conmemora el Día Mundial contra la Esclavitud infantil, el origen proviene del asesinato de Iqbal Masih de 12 años, ocurrido en el año 1995, quien a la edad de 4 años fue vendido por su padre al dueño de una fábrica de alfombras de Punjab porque necesitaba un préstamo para pagar la boda del hijo mayor.

El dueño de la fábrica recuperaría su dinero descontando mensualmente una parte del salario, por lo que el niño debía permanecer allí hasta el pago total de la deuda. Masih trabajaba más de 12 horas diarias haciendo alfombras, pero entre los intereses y los nuevos préstamos que pediría el padre, la deuda comenzó a crecer, por lo que el niño no tenía una salida posible.

Cinco años después, el niño conoció a Ehsan Khan, quien era un luchador contra la esclavitud infantil lo que lo llevó a dejar a un lado el miedo y dedicarse a denunciar la situación que tenían los niños tejedores de alfombras, convirtiéndose en un gran activista de los derechos infantiles.

Su activismo y sus denuncias comenzaron a molestar a muchas personas que se beneficiaban de este negocio. En 1995, mientras andaba en su bicicleta fue asesinado de un disparo.

Fuente: Conadecafro

¿Qué es la alopecia por tracción y por qué es tan común en mujeres afrodescendientes?

La pérdida de cabello no es cosa de risa. En Estados Unidos, es un problema que afecta más a las mujeres afrodescendientes. Pero primero, ¿qué es la alopecia? Según la dermatóloga Danita Peoples, de la Universidad Estatal de Wayne, ‘alopecia’ es una palabra médica que se refiere a la pérdida de cabello generalizada.  Y se agregan descriptores que pueden referirse al lugar donde se produce la pérdida de cabello o la causa de la misma.

La alopecia por tracción, por ejemplo, es la pérdida de cabello por trauma o cambios inflamatorios crónicos en los folículos pilosos. Aunque cualquiera puede tener alopecia y puede presentarse a cualquier edad, desde niños hasta adultos, tanto en hombres como en mujeres, es más probable que afecte a los afroamericanos que a los estadounidenses blancos o asiáticos.

El tipo de alopecia más común en las mujeres es la alopecia por tracción puede afectar a personas con determinadas profesiones, como las bailarinas, que llevan el pelo recogido por mayor tiempo. La presión y la fricción de los artículos deportivos para la cabeza, como cascos o gorras de béisbol, también pueden provocar la caída del cabello. Y en algunas partes del norte de Europa, donde es común que las personas se recojan el cabello con regularidad, hay tasas más altas de alopecia por tracción.

La alopecia por tracción afecta a un tercio de las mujeres afrodescendientes, lo que la convierte en el tipo más común de alopecia que afecta a las mujeres negras. ¿Por qué la alopecia por tracción es tan común entre las mujeres afro? Eso se debe a ciertas prácticas de peinado que las mujeres afrodescendientes usan en su cabello: usar tejidos apretados o extensiones, alisarse con calor, entre otras prácticas.  El cabello es un gran problema entre las mujeres afroamericanas de una manera que no lo es para otras.

La doctora Danita Peoples dijo a The Conversation que cuando era niña, sus parientes mayores les decían a las niñas que su cabello era su “gloria suprema”.  «Le dieron mucha importancia a que mantuviéramos nuestro cabello elegante y bien arreglado, y eso generalmente significaba alisarlo. Pero creo que hay menos presión que antes para que las mujeres negras mantengan el cabello alisado, en el lugar de trabajo o en cualquier otro lugar», dijo.

En varias partes del mundo, las personas afrodescendientes han sido señaladas por sus cabellos. ​Por generaciones se les ha dicho que su tipo de cabello es poco estético, que hay algo malo en él y por lo tanto, recurren constantemente a tratamientos estéticos para ‘arreglarlo’. Esto a la larga puede ocasionarles problemas de salud.

  Fuente: https://www.milenio.com/

Gran Gala Parade es nuevo patrimonio cultural de Costa Rica

El Grand Gala Parade de Limón, un colorido desfile con bailes, música, carrozas y trajes tradicionales de la cultura afrodescendiente y afrocostarricense, es ahora Patrimonio Cultural Inmaterial de Costa Rica.

La declaratoria, firmada por la mandataria interina de Costa Rica, Epsy Campbell, en ceremonia efectuada en Casa Presidencial, precisa que el Gran Gala Parade se realiza cada 31 de agosto (desde hace 24 años) en la provincia de Limón, a propósito del Mes Histórico de la Afrodescendencia y el Día de la Persona Negra y de la Cultura Afrocostarricense.

El desfile es organizado por el Comité Cívico Cultural Étnico Negro de Limón y persigue conservar las tradiciones, costumbres y valores de la cultura afrodescendiente y afrocostarricense, así como visibilizar los aportes y contribuciones de estas poblaciones a la construcción del país.

Con esta declaratoria legislativa se proclama este evento cultural de interés público, se autoriza a las instituciones públicas para que contribuyan con su realización y se instruye tanto al Ministerio de Cultura y Juventud como al Instituto Costarricense de Turismo a colaborar con la Municipalidad de Limón en la divulgación y promoción de esta actividad.

«Cada 31 de agosto Limón vibra y nos hace resonar con nuestras raíces afrodescendientes como nación, como comunidad, familias e individuos», resaltó Campbell.

Refirió que el evento se replica en otros distritos y comunidades y contribuye a la continuidad y fortalecimiento de las manifestaciones locales, se proyecta internacionalmente y nos suma al reconocimiento de la diversa, potente y dinámica cultura del Caribe al que Costa Rica pertenece.

La declaratoria del Grand Gala Parade de Limón como patrimonio cultural inmaterial de Costa Rica -subrayó- no solo enaltece el legado afrodescendiente y afrocostarricense, sino también permite exponerle al resto del país y al mundo extractos de esa cultura y de esa población que ha hecho enormes contribuciones al desarrollo, la democracia, la cultura y la identidad nacional.

De su lado, el diputado David Gourzong, impulsor de la declaratoria, aseguró que este evento cultural se consolida como uno de los más importantes del país tanto para los limonenses como para toda la población costarricense.

Destacó que promover la cultura, tradición, música y cocina afrodescendiente abrirá nuevas posibilidades para atraer turismo y para generar empleo en la provincia.

Fuente: Prensa Latina

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